CATL sigue acelerando el salto comercial de las baterías de sodio. El gigante chino ha confirmado que entregará en septiembre sus primeros sistemas de almacenamiento energético basados en esta química, un paso importante para una tecnología que durante años ha estado en desarrollo, pero que ahora empieza a entrar en una fase claramente industrial. La compañía también espera alcanzar envíos a escala de GWh durante 2026, lo que sitúa al sodio como una alternativa cada vez más real dentro del mercado de baterías.
El primer gran campo de aplicación será el almacenamiento estacionario, donde las baterías de sodio pueden tener mucho sentido. En este tipo de sistemas, el peso y el volumen no son tan críticos como en un coche eléctrico, mientras que el coste, la seguridad, la durabilidad y la disponibilidad de materias primas pesan mucho más. Para países como España, con una fuerte presencia de energía solar y eólica, esta tecnología puede ser especialmente interesante para almacenar excedentes renovables y devolver energía a la red cuando la producción baja o la demanda aumenta.
Como ya analizamos en nuestro artículo sobre la producción en masa de baterías de sodio de CATL para 2026, esta química no pretende sustituir de golpe a las actuales baterías LFP o NMC, sino abrir una vía alternativa en aplicaciones donde el coste y la disponibilidad de materiales sean decisivos. Esa idea encaja especialmente bien con el almacenamiento energético, pero también con vehículos eléctricos de acceso, comerciales ligeros, modelos urbanos y soluciones híbridas o de autonomía extendida.
CATL asegura que sus baterías de sodio alcanzan actualmente una densidad energética de hasta 175 Wh/kg, una cifra que la compañía sitúa como referencia para producción en masa. Gracias a sistemas Cell-to-Pack y a una gestión inteligente mediante BMS, la marca habla de autonomías superiores a 400 km en vehículos eléctricos puros. A medida que avance la cadena de suministro, las previsiones apuntan a rangos de entre 500 y 600 km para eléctricos puros y de entre 300 y 400 km para configuraciones de autonomía extendida o híbridas.
Estas cifras deben interpretarse con prudencia en Europa, especialmente cuando proceden de ciclos de homologación chinos, habitualmente más optimistas que el WLTP. Aun así, el dato es relevante porque muestra que las baterías de sodio ya no se plantean solo como una solución de bajo coste para almacenamiento fijo, sino también como una química con potencial para cubrir una parte importante de las necesidades reales del mercado de vehículos electrificados. Según CATL, podría satisfacer más del 50% de los requisitos de autonomía del mercado de vehículos de nueva energía.
El avance de la cadena de suministro será clave. Uno de los componentes más importantes de estas baterías es el ánodo de carbono duro, cuyos costes podrían caer con fuerza en los próximos años. Las estimaciones del sector apuntan a una bajada desde los 60.000 o 70.000 yuanes por tonelada en 2024 hasta una horquilla de 35.000 a 40.000 yuanes en 2026, con objetivos a largo plazo por debajo de los 25.000 yuanes. Si esa reducción se consolida, el sodio podría seguir un camino parecido al de las baterías LFP: más escala industrial, costes más bajos y una presencia cada vez mayor en aplicaciones donde el precio por kWh es determinante.
El interés comercial ya empieza a materializarse. CATL y HyperStrong han firmado un acuerdo de tres años por 60 GWh de baterías de sodio para almacenamiento energético, uno de los mayores compromisos anunciados hasta ahora para esta tecnología. HyperStrong también prevé impulsar estaciones demostrativas híbridas de litio y sodio durante 2026, una fórmula que podría permitir combinar las ventajas de ambas químicas según el tipo de uso.
Para España y Europa, la lectura es clara: las baterías de sodio pueden convertirse primero en una herramienta importante para reforzar el almacenamiento renovable y, más adelante, abrirse paso en determinados segmentos del coche eléctrico. No serán la solución única para todos los vehículos, pero sí pueden ayudar a reducir la dependencia del litio, abaratar sistemas de almacenamiento y hacer viables eléctricos más sencillos, urbanos y asequibles. Si CATL cumple su calendario, septiembre marcará un paso importante en la llegada real del sodio al mercado energético.
Fuente: battery-tech.net