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CATL asegura que las baterías de sodio ya están listas, pero la industria pide cinco años más para que sean realmente competitivas

Las baterías de sodio empiezan a salir del laboratorio y a entrar en coches eléctricos y grandes sistemas de almacenamiento. CATL ya prepara su llegada a vehículos de Changan con celdas de hasta 175 Wh/kg y más de 400 km de autonomía, pero desde dentro de la industria surgen voces que enfrían las expectativas: fabricar baterías de sodio es una cosa, hacerlas más baratas y competitivas que las LFP a gran escala es otra muy distinta.

CATL asegura que las baterías de sodio ya están listas, pero la industria pide cinco años más para que sean realmente competitivas

CATL quiere situar 2026 como el año en el que las baterías de sodio pasan de promesa tecnológica a producto comercial. Su nueva familia de celdas, denominada Naxtra, es la marca con la que CATL agrupa sus baterías de sodio de nueva generación. La primera aplicación anunciada llega junto a Changan en el Nevo A06, un turismo eléctrico con una batería de 45 kWh, hasta 175 Wh/kg de densidad energética y más de 400 km de autonomía en ciclo CLTC. No está pensada para grandes berlinas de autonomía récord, pero sí podría abrir la puerta a coches eléctricos más asequibles, especialmente en los segmentos urbanos y compactos.

La gran ventaja del sodio es que utiliza materias primas más abundantes y menos expuestas a la volatilidad de precios del litio. También ofrece un comportamiento especialmente interesante con frío intenso, uno de los puntos débiles habituales de las baterías convencionales. CATL afirma que su batería mantiene más del 90% de su capacidad a -40 ºC y que puede seguir entregando potencia a temperaturas todavía más bajas. Para mercados con inviernos severos, flotas profesionales o vehículos de uso intensivo, esa resistencia puede ser incluso más valiosa que unos kilómetros extra de autonomía.

Una de las fábricas de CATL en China
Una de las fábricas de CATL en China

Pero la gran incógnita no es si la tecnología funciona, sino si puede fabricarse de forma masiva con costes realmente competitivos. Wu Zuyu, presidente de HiTHIUM y antiguo ingeniero de CATL, ha puesto una nota de cautela al asegurar que las baterías de sodio todavía necesitan unos cinco años para alcanzar competitividad económica a gran escala. Su argumento es relevante porque el coste no depende solo del precio del sodio. También intervienen la madurez de los materiales, el rendimiento de las fábricas, la disponibilidad de ánodos de carbono duro, la producción de componentes y el volumen real de pedidos.

La comparación con las baterías LFP será decisiva. El sodio promete reducir costes, mejorar la seguridad y limitar la dependencia de minerales críticos, pero llega a un mercado donde las LFP ya son muy baratas, están ampliamente industrializadas y siguen mejorando en densidad, carga rápida y durabilidad. Por eso, el primer objetivo del sodio no será desplazar a las baterías de litio en todas las categorías, sino encontrar segmentos donde sus ventajas compensen su menor densidad energética: coches de acceso, vehículos de reparto, modelos pensados para climas fríos y almacenamiento estacionario.

Precisamente el almacenamiento energético parece ser el terreno más favorable para su primera expansión. CATL ha firmado un acuerdo de suministro de 60 GWh de baterías de sodio con HyperStrong para sistemas estacionarios durante tres años. En una planta solar, una instalación eólica o un sistema de respaldo de red, el peso y el volumen importan mucho menos que en un coche. Lo que cuenta es el coste por ciclo, la seguridad, la vida útil y la capacidad de operar durante miles de cargas y descargas. Ahí, las baterías de sodio pueden acumular experiencia industrial antes de convertirse en una opción habitual para automóviles.

Baterias CATL de Sodio listas para producción
Baterias CATL de Sodio listas para producción

CATL también ha señalado que espera que entre 10.000 y 20.000 vehículos eléctricos utilicen sus baterías de sodio durante 2026. Esa cifra es importante porque demuestra que la tecnología ya ha superado la etapa puramente experimental, pero sigue siendo pequeña frente a los millones de coches eléctricos que se producen cada año en China. La transición hacia una verdadera producción masiva dependerá de que las baterías cumplan fuera del laboratorio, mantengan su ventaja de coste frente a las LFP y alcancen volúmenes suficientes para justificar nuevas fábricas y cadenas de suministro.

Las baterías de sodio no parecen destinadas a sustituir de golpe al litio, sino a convivir con él. CATL habla de una era de doble química, con cada tecnología orientada a usos distintos. El litio seguirá siendo dominante donde la autonomía y la densidad energética sean prioritarias, mientras que el sodio puede ganar terreno allí donde el coste, la seguridad, el frío y la disponibilidad de materias primas pesen más. La gran pregunta ya no es si el sodio puede funcionar, porque ya empieza a hacerlo, sino cuándo será capaz de competir sin depender de promesas de futuro.

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