Las baterías de estado sólido llevan años presentándose como el gran salto pendiente del coche eléctrico, pero casi siempre con el mismo problema: parecían estar permanentemente a cinco años vista. El anuncio de Dongfeng cambia esa percepción. El fabricante chino prevé iniciar la producción en masa y la instalación en vehículos durante la segunda mitad de 2026, un calendario que sitúa esta tecnología mucho más cerca del mercado real de lo que hasta hace poco parecía razonable.
La clave está en una batería con una densidad energética de 350 Wh/kg, una cifra que permitiría a futuros vehículos de nueva energía superar los 1.000 km de autonomía al menos en el optimista ciclo chino CLTC. Más allá del alcance, el estado sólido promete una mejora relevante en seguridad, al sustituir el electrolito líquido de las baterías convencionales por un electrolito sólido. Según las pruebas comunicadas por la compañía, estas baterías han resistido deformaciones extremas, exposición a temperaturas de 170 ºC sin humo ni fuego, y ensayos en frío intenso con temperaturas de hasta -30 ºC.
Dongfeng ha elegido una ruta técnica basada en un compuesto óxido-polímero, considerada una de las más viables para una adopción industrial rápida por su compatibilidad con cadenas de suministro y equipos de producción ya existentes. La compañía asegura además haber alcanzado autosuficiencia en tecnologías clave, desde los electrodos y electrolitos sólidos hasta la integración completa del paquete de baterías. También ha creado una base de I+D y producción que combina laboratorio, fabricación de prueba y líneas piloto.
El movimiento no se produce de forma aislada. Otros actores chinos como GAC, CATL y FAW también preparan sus propias soluciones de estado sólido con calendarios entre 2026 y 2027. La diferencia es que el discurso empieza a cambiar: ya no hablamos solo de prototipos o promesas de futuro, sino de integración en vehículos y producción planificada. Si Dongfeng cumple su hoja de ruta, el coche eléctrico podría entrar en una nueva etapa, con más autonomía, menos peso, mayor seguridad y una barrera psicológica importante derribada: la idea de que el estado sólido siempre está cerca, pero nunca llega.