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Furgonetas eléctricas para la última milla: cómo elegir bien antes de electrificar una flota urbana

Las furgonetas eléctricas empiezan a tener mucho sentido para el reparto urbano, pero no todas sirven para cualquier negocio. La autonomía real, la carga útil, el volumen disponible, la recarga en base y el coste total a varios años son los factores que deben pesar más que el precio inicial o la cifra WLTP del catálogo.

Furgonetas eléctricas para la última milla: cómo elegir bien antes de electrificar una flota urbana

La electrificación del reparto de última milla ya no es solo una cuestión de imagen ecológica. En ciudades con zonas de bajas emisiones, restricciones crecientes y costes de combustible elevados, la furgoneta eléctrica se está convirtiendo en una herramienta cada vez más lógica para autónomos, pymes y operadores logísticos. Su gran ventaja aparece cuando la ruta es urbana, repetitiva y termina cada día en una base donde el vehículo puede cargar durante la noche. En ese escenario, el coste por kilómetro cae de forma clara frente al diésel y el mantenimiento también se reduce de forma considerable.

El primer error al elegir una furgoneta eléctrica es quedarse con la autonomía oficial. La cifra WLTP sirve como orientación, pero en reparto real hay que aplicar un margen de prudencia importante. Una furgoneta cargada, con calefacción o aire acondicionado, paradas constantes y circulación urbana puede perder entre un 20% y un 30% respecto a lo anunciado.

La segunda cuestión clave es la capacidad de trabajo. En una furgoneta profesional no basta con mirar si es eléctrica o barata: hay que comprobar cuántos kilos puede cargar y cuántos metros cúbicos ofrece. Las baterías pesan y pueden reducir la carga útil frente a una versión diésel equivalente, algo poco relevante para paquetería ligera, pero crítico si se transportan bebidas, herramientas, alimentos, materiales o mercancía densa. Para reparto urbano ligero suelen encajar modelos como el Citroën ë-Berlingo, Peugeot e-Partner o Renault Kangoo E-Tech.

Casi entra todo xD
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El coste total de propiedad y la infraestructura de recarga deben analizarse juntos antes de comprar. Una furgoneta eléctrica puede ser más cara de entrada, pero si recorre muchos kilómetros urbanos y carga de noche en la base, el ahorro energético, el menor mantenimiento y las posibles ayudas públicas pueden compensar la inversión en pocos años. Eso sí, la empresa debe comprobar antes que sus rutas, carga útil, potencia contratada, horarios de recarga y cuadro eléctrico encajan con la operativa diaria; solo entonces la furgoneta eléctrica deja de ser una apuesta y pasa a ser una decisión razonable para la última milla.

Fuente: Espaciofurgo

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