Leapmotor, uno de los fabricantes chinos de coches eléctricos que más está creciendo, quiere convertir España en una pieza importante de su expansión europea. La compañía, participada en un 21% por Stellantis, ha acordado con el grupo propietario de Peugeot, Fiat, Jeep y Opel ampliar su alianza industrial para producir vehículos eléctricos en la planta de Figueruelas, Zaragoza. El plan contempla fabricar allí el Leapmotor B10 y un nuevo SUV eléctrico de Opel de segmento C, reforzando el papel de la factoría aragonesa dentro de la nueva ofensiva eléctrica del grupo.
La operación tiene una lectura industrial muy importante. Para Leapmotor, producir en España supone acercarse al cliente europeo y reducir la exposición a los aranceles que la Unión Europea aplica a los eléctricos fabricados en China. Según la información disponible, los coches eléctricos chinos de Leapmotor vendidos directamente desde China están sometidos a un arancel adicional del 20,7%, que se suma al arancel estándar del 10%. Fabricar dentro de la UE permite mejorar la competitividad en precio y presentar modelos con una etiqueta más cercana al “Made in Europe”.
Para Stellantis, el acuerdo también tiene sentido estratégico. El grupo europeo gana acceso a tecnología eléctrica china, componentes más competitivos y una cadena de suministro capaz de reducir costes en un momento en el que vender eléctricos asequibles se ha convertido en una prioridad. Además, la producción de estos modelos ayuda a mantener actividad en plantas españolas clave. Figueruelas ya produce modelos como el Opel Corsa, el Peugeot 208 y el Lancia Ypsilon, y con la llegada del B10 y el futuro Opel eléctrico refuerza su papel como centro industrial de electrificación.
La alianza entre ambas compañías no parte de cero. Stellantis invirtió en Leapmotor en 2023 y ambas crearon Leapmotor International, una sociedad conjunta destinada a impulsar la venta de modelos chinos fuera de China utilizando los recursos comerciales e industriales del grupo europeo. Leapmotor también ha abierto recientemente un centro de I+D en Múnich, con el objetivo de adaptar mejor sus productos a los gustos y exigencias del cliente internacional. La producción europea es, por tanto, el siguiente paso lógico: no basta con exportar, ahora toca localizar parte de la fabricación.
Para el comprador europeo, el resultado podría ser una nueva generación de coches eléctricos más baratos y competitivos. Para España, la noticia confirma algo relevante: la transición al coche eléctrico no solo se juega en las ventas, también en atraer producción, tecnología y empleo industrial.